Acorazados en el fondo de mi alma y corazón esos recuerdos que parecían olvidados, esa sensación de perdida (y para siempre) otra vez…y ya nunca más pisar ese mismo suelo, ver ese pasillo que me atemorizaba, reformaciones de ignoto (como van saliendo), nunca más ese sentimiento de…sentimientos encontrados al fin.
¿Cómo despedirse de una casa entonces? Es casi como despedirse de una persona despedirse de ella.
Esa cocina que parecía enorme, que se llenaba de rayitos de sol, las arañas sobreviviendo al paso del tiempo. Los muebles antiguos, las paredes de ¿30? quizás 40 cm de espesor, pequeña muralla, la ventana con postigones.
Y esos recuerdos, esa infancia, esa plenitud, ese refugio, mi rinconcito, mi paz…no hay forma de despedirse de todo eso, como no hubo forma de despedirme de mi madrina, como no hay forma ahora de entender lo inentendible, de captar lo ineludible.
Todo se me revuelve, todo tan irreal, tan repentino, tan furiosamente real.
Real, esa es la palabra y todavía no cwhen reo que haya sido real, que esto es una realidad.
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