En el recorrido
que a priori parece laberíntico
pero en un perfecto damero
de calles sin vida.
Se reproduce la constitución de una sociedad
en paredes de granito o mármol o ladrillos con adobe.
Historias trágicas o hermosos vitrales
adornan las casas de los muertos
en un ambiente recoleto.
Y vamos a admirar como turistas
extraños y un tanto morbosos,
la leyenda de tal o cual,
la verdad detrás de las lápidas.
A veces parece interesante
interesarse tanto por los muertos.
La vida parece continuar su camino,
entre los pasos estrechos y anchos,
que dejan los mausoleos o bóvedas,
el negativo sobre el positivo.
Adentro: la sombra, el claroscuro, el agotamiento.
Afuera: la luz, el aire, la vida.
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