Fantasmas y sombras en la noche, me persiguen trayendo aires del pasado, y el miedo me carcome las entrañas, y apenas puedo ver en la penumbra.
Los hilos que manejan mi vida y me atan a lo que alguna vez pensé que era vida, se estiran como elástico pero no se cortan, veo una nueva persona asomándose por un costado, asustada de lo que la espera allá afuera, con el miedo suficiente como para no terminar de asimilarse y la fuerza necesaria para no rendirse.
Preguntas que no dejan de preguntarse, cuestiones irresueltas van macerando lentamente, para condimentar el plato que se cocina a fuego lento (muy lento).
Así las cosas, la persona que quiere escapar de su destino predestinado sólo por su propia fuerza (o su propia cobardía), esa que pretende conformarse con transcurrir en el mar de dudas e inseguridades, esa que no sabe cómo manejar los hilos, apenas puede contener la fuerza de salir de si, de encontrar su mundo y cortar las ataduras.
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