Dos bocas que se buscan en la oscuridad de la noche, la ansiedad carcome a estos dos amantes, el preludio se hace interminable. Las miradas bien de cerca como miopes en la penumbra, no s distinguen los cuerpos, apenas las sombras.
Se encuentran náufragos en la inmensidad de la noche, las estrellas avanzan con sus luces como luciérnagas en el campo. L murmullo del mar seda, acaso un poco, su ansiedad desmedida en el instante n el que el tiempo cesa y las agujas no corren.
Los labios apenas se tocan, se ensalzan en el fragor de la noche, se buscan esquivos se saben certeros. Otro roce y el corazón se acelera, la clara luz de luna llena agita el mar y su oleaje se sucede de manera sincrónica, expectante de lo que indefectiblemente ocurrirá esa noche.
Las bocas se encuentran, se pierden y se vuelven a buscar, a veces torpe a veces dulcemente, apasionadamente se acarician las lenguas en un interminable danzar sin fin.
El instante es sólo de ellos que se saben gozosos de la suerte que les toca la puerta (y la libido que crece al ritmo del danzar de los labios que buscan orillas y arenas, que se funden en el fuego lento del despertar repentina y pausadamente).
La tensión aumenta, las caricias se suceden, las manos buscan dejar huella…pero yo ya no estoy ni existo…
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