jueves, 11 de agosto de 2005

El diario de Amy (y cómo sigue la historia)

Así que ¿qué hago a las 12:25 am despierta, escribiendo? Nada… supongo que mi necesidad de expresarme es mayor de lo que creía, por eso el insomnio.

Imagino historias que me llevan a ese mundo que no vivo, pero que extrañamente me hacen vivir, las necesito, son mi droga...supongo que no me queda más que relatarla…

Ella estaba en un bar, leyendo sin leer, tomando un cortado (como acostumbraba) en su lugar favorito, Florida Garden. Había tenido uno de esos días donde necesitaba estar sola con sus pensamientos, recorrer la Buenos Aires que se esconde detrás de cada edificio, buscar su historia, imaginar su interior, creerse escritora. El cortado era la culminación de aquel recorrido, donde daba placer caminar, perderse y volver a encontrar en esas calles conocidas que nunca dejan de asombrar (siempre se les encuentra algún detalle que la vez anterior pasamos por alto). Hacer esto la hacía (sentir) importante, pensaba que si podía sobrevivir un día a sí misma podría lograr cualquier cosa, y en verdad, lo lograba, la sensación de paz, el encontrarse a uno mismo, esas son las cosas por las que vale la pena vivir, pensé.

Él entró, la reconocía de algún lado pero al mismo tiempo se escapaba de su memoria, decidió no darle importancia. Aún así, calculó la distancia en un abrir y cerrar de ojos, como si fuera un damero, cada casillero una mesa y un espacio vacío consecutivamente, de arriba-abajo, de izquierda-derecha, en diagonal: dos casilleros (estaban enfrentados). Casi no intercambiaron mirada, ella parecía absorta en la lectura (creo que en un libro de Cortázar), no me miraba, ¿de donde la conozco?… Un mal día en la oficina, no me levanté exactamente con el pie derecho, un cortado, por favor…

La vida de un momento a otro había cambiado, ya vivía sola pero había terminado aquella relación que, creía, la hacía feliz…la vida es eso que pasa mientras que estás haciendo planes (John Lennon), pero yo no había planeado nada, sin embargo ahí estaba, en aquél lugar, esperando conocerte.

Decidí mirarte, también me parecías conocido pero ¿de dónde?... todavía tenías esa mirada intensa que hacía que me derritiese; no te miré más de tres segundos, pero igual lo supe (si te acordaras de mi me encontrarías cambiada), no me volviste a mirar…

No creía buscar algo de la vida, tal vez comodidad, status, alguien con quien pasarla bien, pero nada más, sin embargo ahí estaba, replanteándome mi vida, en aquél lugar que encontré al paso, esperando conocerte.

Decidí mirarte (una y otra vez, casi no podía disimular), te diste cuenta, porque me miraste, bajaste la cabeza y sonreíste (pensaste que no te vi), parecía que te daba vergüenza (miráme, volvía a decir para mis adentros) y nuestros ojos se encontraron…

Ya te recuerdo, nos cruzamos en una panadería, te presté plata (que nunca devolviste), ¿todavía tenés novio?... no, contesté…

(Y cómo se acercó a mi mesa y empezamos a hablar, es algo que te lo cuento en otro momento)

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El Diario de Amy Jones© 2005 | Plantilla Blogger

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