Siempre había soñado con algo así, todas las que nos conformamos con ser simplemente mortales (y rogar porque el sábado a la noche todavía este esa película de Collin Farell o nuestro hombre de Hollywood) soñamos con algo así…
El día empezó como siempre, me levanté determinada a tener un día, por lo menos, agradable, pero cuando empecé a preparar el desayuno, me di cuenta de que no sería así. ¿Vieron que hay un momento en la mañana en que saben que definitivamente no va a ser un buen día, y que se va a ir todo al demonio? Bueno, yo estaba teniendo uno de esos momentos, cuando vi que ya no tenía más café, que no había ni un mísero saquito de té, y que, encima, llegaba tarde (paro de colectivos y cartón lleno, pensé)
Por lo menos a la vuelta iba a pasar por la panadería de siempre, algo rico en calorías, azúcar, carbohidratos, ¿qué se puede encontrar en una panadería sino? Con esa determinación en mi cabeza, volví segura de que por lo menos merecía un buen postre (y las cosas deberían estar mejorando porque todavía estaba abierta), así que entré como si la panadería me perteneciera y me detuve en la isla de cosas dulces (quería la torta expuesta en la vidriera, pero tampoco era cuestión de mandar la dieta al diablo). Ahí tuve otro momento, donde sabía que algo definitivamente había cambiado en mí (tal ve sean las masitas ¿no?) porque me sentía una diosa, el día iba a terminar mucho mejor de lo que había empezado…
¿Qué elijo, qué elijo? Había que pensarlo bien, no a las decisiones apresuradas… ¿masitas secas o húmedas, con dulce de leche, con membrillo, bañadas en chocolate, o no? ¿Y la dieta? ¿ninguna o todas? El panadero ya me estaba mirando mal, cuando empecé a elegir una de cada… no me pregunten porqué en ese momento levanté la vista, la cosa es que lo hice (tal vez para ver qué había en la otra punta del local), y lo vi, más bien vi unos ojazos claros que me miraban con asombro. Como siempre, bajé la vista y seguí con lo mío (ahí empieza la paranoia, ¿qué pensará?... que me las voy a comer todas seguro, acaso ¿no es verdad?, debería ser de esas que no les importan nada y segur mirándolo, por lo menos recreo la vista).
¿Qué les puedo decir de él? era hermoso, uno de esos yo vivo en Palermo Hollywood-ahora me voy al after office-pero no me la creo, de traje y mochila con un look no-me-importa-nada (barba de algunos días, desprolijo pero cuidado)… me pregunto si irá al gimnasio, seguro que sí, pero lo necesario… Como saben, y como pude, lo miré de vuelta y él también lo hizo, las miradas fueron tan intensas que sentí que era un pobre hielo en pleno sol de verano, ¡me derretía!, sus ojos eran verdes y tenía una onda a ¿Collin o Brad?, no me acuerdo, la cosa es que estaba muy bien…
Pero sigo siendo yo en mí cuerpo y, sobre todo, en mí (neurótica) mente; así que enfilé para la caja, y ya no sabía ni cuántas masitas había puesto en la bandeja ni qué tenían, sólo esperaba no haber elegido las de anís, ¡las odio!... De todas formas no iba a devolverlas, ya estaba en la caja, ¿con qué cara miro al panadero? Después del tiempo que me tomé, parecía que estaba eligiendo mi vestido de novia… y me recordé que era un muy mal día porque tenía el paquete en la mano y me faltaban cinco pa´l peso, el panadero obviamente me miró como se mira en estas ocasiones, y una voz muy masculina ofreció saldar la diferencia…
Así que el juego no estaba terminado, pensé, mientras me reía por dentro (¿quién dijo que las mujeres no podemos hacer dos cosas al mismo tiempo?)… Esperé a que él termine de pagar por sus dulces (tenía que agradecerle, aunque mi primer instinto fuera salir corriendo), lo miré de nuevo, le agradecí su amable gesto y le dije que, si era paciente, iba a buscar plata y se la devolvía, a lo que él respondió:_ lo que quiero es tu teléfono…
¡Ah, bueno!, ¡ah, bueno! No lo puedo creer, esto no me puede estar pasando, ¿o sea que estas cosas suceden en la vida real?
Me rehice como pude (¿algo así no te desarma?) y le contesté que lo único que podía hacer era devolverle los cinco, porque no tendré una vida soñada, no seré una diosa pero, afortunadamente, ya tengo un novio divino con quien compartir el postre…
El día empezó como siempre, me levanté determinada a tener un día, por lo menos, agradable, pero cuando empecé a preparar el desayuno, me di cuenta de que no sería así. ¿Vieron que hay un momento en la mañana en que saben que definitivamente no va a ser un buen día, y que se va a ir todo al demonio? Bueno, yo estaba teniendo uno de esos momentos, cuando vi que ya no tenía más café, que no había ni un mísero saquito de té, y que, encima, llegaba tarde (paro de colectivos y cartón lleno, pensé)
Por lo menos a la vuelta iba a pasar por la panadería de siempre, algo rico en calorías, azúcar, carbohidratos, ¿qué se puede encontrar en una panadería sino? Con esa determinación en mi cabeza, volví segura de que por lo menos merecía un buen postre (y las cosas deberían estar mejorando porque todavía estaba abierta), así que entré como si la panadería me perteneciera y me detuve en la isla de cosas dulces (quería la torta expuesta en la vidriera, pero tampoco era cuestión de mandar la dieta al diablo). Ahí tuve otro momento, donde sabía que algo definitivamente había cambiado en mí (tal ve sean las masitas ¿no?) porque me sentía una diosa, el día iba a terminar mucho mejor de lo que había empezado…
¿Qué elijo, qué elijo? Había que pensarlo bien, no a las decisiones apresuradas… ¿masitas secas o húmedas, con dulce de leche, con membrillo, bañadas en chocolate, o no? ¿Y la dieta? ¿ninguna o todas? El panadero ya me estaba mirando mal, cuando empecé a elegir una de cada… no me pregunten porqué en ese momento levanté la vista, la cosa es que lo hice (tal vez para ver qué había en la otra punta del local), y lo vi, más bien vi unos ojazos claros que me miraban con asombro. Como siempre, bajé la vista y seguí con lo mío (ahí empieza la paranoia, ¿qué pensará?... que me las voy a comer todas seguro, acaso ¿no es verdad?, debería ser de esas que no les importan nada y segur mirándolo, por lo menos recreo la vista).
¿Qué les puedo decir de él? era hermoso, uno de esos yo vivo en Palermo Hollywood-ahora me voy al after office-pero no me la creo, de traje y mochila con un look no-me-importa-nada (barba de algunos días, desprolijo pero cuidado)… me pregunto si irá al gimnasio, seguro que sí, pero lo necesario… Como saben, y como pude, lo miré de vuelta y él también lo hizo, las miradas fueron tan intensas que sentí que era un pobre hielo en pleno sol de verano, ¡me derretía!, sus ojos eran verdes y tenía una onda a ¿Collin o Brad?, no me acuerdo, la cosa es que estaba muy bien…
Pero sigo siendo yo en mí cuerpo y, sobre todo, en mí (neurótica) mente; así que enfilé para la caja, y ya no sabía ni cuántas masitas había puesto en la bandeja ni qué tenían, sólo esperaba no haber elegido las de anís, ¡las odio!... De todas formas no iba a devolverlas, ya estaba en la caja, ¿con qué cara miro al panadero? Después del tiempo que me tomé, parecía que estaba eligiendo mi vestido de novia… y me recordé que era un muy mal día porque tenía el paquete en la mano y me faltaban cinco pa´l peso, el panadero obviamente me miró como se mira en estas ocasiones, y una voz muy masculina ofreció saldar la diferencia…
Así que el juego no estaba terminado, pensé, mientras me reía por dentro (¿quién dijo que las mujeres no podemos hacer dos cosas al mismo tiempo?)… Esperé a que él termine de pagar por sus dulces (tenía que agradecerle, aunque mi primer instinto fuera salir corriendo), lo miré de nuevo, le agradecí su amable gesto y le dije que, si era paciente, iba a buscar plata y se la devolvía, a lo que él respondió:_ lo que quiero es tu teléfono…
¡Ah, bueno!, ¡ah, bueno! No lo puedo creer, esto no me puede estar pasando, ¿o sea que estas cosas suceden en la vida real?
Me rehice como pude (¿algo así no te desarma?) y le contesté que lo único que podía hacer era devolverle los cinco, porque no tendré una vida soñada, no seré una diosa pero, afortunadamente, ya tengo un novio divino con quien compartir el postre…
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