Así que tal vez sea hora de reconocer que la vida (o esto que vivimos) no tiene porque ser taaan terrible ni patética ni mala ni tétrica porque...
Mirá bien, detrás de una puerta que se cierra, hay otra que se abre
Detrás de cada nube, hay un rayo de sol
Siempre que llovió, paró
No hay mal que dure cien años
No hay mal que por bien no venga
Resurgirás de las cenizas como el Ave Fénix
Y estoy segura que hay más frases hechas que refuerzan mi inusitado optimismo del día, algunas más pedorras que otras (¿será que finalmente I let it go? ¿y me termine de resignar del todo?).
Si, si, si, ya sé, falta pintarse la cara color esperanza, el trébol de cuatro hojas, los boletos capicúa (¡quién me chafó mi primer boleto capicúa del año, número 80808 con frase proverbial en su reverso!-y de los de antes, esos que se cortan- hasta ahora venía bárbaro con tres boletos en mi haber, lástima que no se notaba), la pata de conejo, pisar mierda y, de paso, ganarse la lotería o el quini...
la pucha que vale la pena estar vivo
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